Miles de fanáticos despidieron este domingo a Carlos Alberto “Indio” Solari en el Polideportivo Municipal José María Gatica de Villa Domínico, en Avellaneda, donde se realizó un velatorio público que se convirtió en una verdadera peregrinación ricotera. La ceremonia comenzó a las 10, una hora antes de lo previsto, ante la enorme cantidad de seguidores que desde la noche anterior se habían acercado al predio ubicado en el Parque de los Derechos del Trabajador para darle el último adiós al histórico líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
La despedida, organizada luego de varios días de definiciones sobre el lugar y las condiciones del homenaje, se desarrolló con una concurrencia incesante y con un fuerte operativo de seguridad y asistencia sanitaria dispuesto por el gobierno bonaerense y el municipio de Avellaneda. En la zona trabajaron cientos de efectivos policiales, postas de emergencia, ambulancias, promotores de salud, Bomberos, Defensa Civil y personal de la Cruz Roja, mientras los hospitales del distrito permanecieron preparados ante cualquier contingencia.
Desde temprano, la escena tuvo el pulso de las grandes “misas ricoteras”: banderas, camisetas, flores, cantos, aplausos y lágrimas acompañaron el paso de los fanáticos frente al féretro del músico. La fila se extendió durante varias cuadras y avanzó de manera permanente, con grupos llegados desde distintos puntos del conurbano y del interior del país. Algunos habían pasado la noche a la intemperie, al reparo del frío, para asegurarse un lugar en la despedida pública.
La familia del Indio Solari agradeció el acompañamiento de los seguidores y pidió sostener el clima de respeto durante toda la jornada. A través de un mensaje difundido en la cuenta oficial del artista, sus allegados destacaron que la gente llegaba “a verlo”, lo aplaudía, le hablaba, le cantaba y le dejaba ofrendas. “La despedida del Indio es una rara mezcla de desgarro y agradecimiento eterno”, señalaron, al tiempo que pidieron: “Sigamos despidiéndolo así, tal como merece porque se lo ganó: en familia, en paz, hermanados por la belleza que coló en nuestras vidas”.
El velatorio se mantuvo abierto durante toda la jornada y, ante la magnitud de la convocatoria, desde el entorno del cantante dejaron trascender que continuaría “hasta que entren todos”. Según datos difundidos en el lugar por la organización, el ingreso rondaba las 15 mil personas por hora y no se descartaba que la despedida pudiera extenderse más allá del domingo, debido a la enorme cantidad de fanáticos que aguardaban para ingresar a la capilla ardiente.
El gobernador Axel Kicillof siguió de cerca el operativo y remarcó que la Provincia había puesto a disposición de la familia distintos espacios para realizar el homenaje, luego de que no prosperara la posibilidad de hacerlo en el Congreso o en la Casa Rosada. El mandatario bonaerense, que se definió como “un ricotero más”, sostuvo que el desafío era garantizar que una despedida multitudinaria pudiera desarrollarse “de la mejor manera posible” y agradeció especialmente al intendente Jorge Ferraresi por el trabajo conjunto en Avellaneda.
Kicillof también destacó el comportamiento de los fanáticos durante la jornada y consideró que la despedida “refutó los prejuicios que criminalizan toda manifestación en grupo”. La referencia llegó después de los incidentes registrados el sábado en inmediaciones del Obelisco porteño, donde un banderazo en homenaje al músico terminó con detenidos y heridos leves, entre ellos efectivos policiales.
La despedida en Villa Domínico estuvo atravesada por postales de enorme carga simbólica. Uno de los presentes fue el fotógrafo Pablo Grillo, quien volvió a cubrir una movilización masiva tras la larga recuperación que atravesó luego de haber sido gravemente herido en la cabeza por un cartucho de gas lacrimógeno en marzo de 2025. Durante su internación, el Indio le había enviado un mensaje de apoyo, gesto que generó un lazo afectivo con su entorno. Por eso, sus allegados le permitieron trabajar cerca del féretro, sentado en un banco, con su cámara.
El homenaje popular se extendió también al fútbol y la cultura. River, que había sido cuestionado por no haber publicado inicialmente un mensaje institucional, se sumó finalmente a las despedidas con un video en redes sociales en el que mostró a hinchas del club presentes en el velatorio. También Peñarol de Montevideo le rindió tributo con publicaciones alusivas al disco Oktubre y una imagen intervenida con los colores aurinegros de la institución.
La muerte del Indio Solari había generado desde el viernes una ola de mensajes de despedida de músicos, artistas, dirigentes políticos, clubes de fútbol y fanáticos en distintos puntos del país y del exterior. En Barcelona, argentinos residentes realizaron una “misa ricotera” para cantar clásicos de Los Redondos, mientras que en distintos espacios públicos y boliches del conurbano se replicaron homenajes, pogos y encuentros espontáneos.
Carlos Alberto Solari murió el viernes a los 77 años. Aunque padecía Parkinson desde hacía aproximadamente una década, los resultados preliminares de la autopsia indicaron que habría sufrido un accidente cerebrovascular hemorrágico no traumático en su domicilio de Parque Leloir, en Ituzaingó. La noticia provocó una conmoción nacional y abrió una despedida que, como ocurrió tantas veces durante su carrera, excedió el marco de la música para convertirse en una expresión colectiva de identidad popular.
Fundador y voz de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, el Indio fue una de las figuras más influyentes y enigmáticas del rock argentino. Desde la experiencia contracultural nacida en La Plata hasta las convocatorias masivas que marcaron a generaciones enteras, su obra construyó un universo propio, atravesado por la independencia artística, la crítica social, la poesía urbana y una relación única con su público.
Tras la disolución de Los Redondos en 2001, continuó su camino solista junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y mantuvo intacta una convocatoria multitudinaria. Su último gran concierto presencial, en Olavarría, quedó como una de las postales más impactantes de esa devoción popular. Este domingo, en Avellaneda, aquella comunidad volvió a reunirse para despedirlo con los mismos códigos que lo acompañaron durante décadas: canciones, banderas, lágrimas, aplausos y una liturgia ricotera que convirtió el adiós en otro capítulo de su mito.
Fuente: (Zona Sur Diario)
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